10 claves para detectar el TOC en los niños

24 Julio, 2018

10 claves para detectar el TOC en los niños


Se conoce poco sobre los trastornos obsesivos compulsivos (Toc) pero, en cambio, sí son bastante habituales. Teniendo en cuenta la última actualización del colegio de psicólogos se estima que un 2,5% de la población tiene un Toc aunque no significa que llegue a afectar a su vida diaria. De hecho, solo ocurre en el 13% de los casos.  Para su tratamiento es imprescindible obtener un diagnóstico, pero antes hay que detectar si nuestro hijo puede tener este problema.

“Las obsesiones pueden presentarse como ideas, pensamientos, impulsos, imágenes o sensaciones que provocan mucha ansiedad y malestar. Esto ocurre porque se viven como ideas intrusas e inapropiadas sobre temas delicados y dolorosos que la persona no desea tener y que no puede evitar que se repitan una y otra vez en su mente. Las compulsiones son actos físicos o mentales que la persona se ve obligada a hacer en respuesta a las obsesiones con el propósito de eliminarlas o evitar el daño que las obsesiones predicen” indica la psicóloga Nieves Álvarez. “Un niño puede estar pensando constantemente en la posibilidad de que sus padres fallezcan (obsesión) y para tratar de evitar que esto ocurra cuenta mentalmente hasta 100 (compulsión). Si es interrumpido deberá empezar de nuevo hasta poder completarlo perfectamente” indica la especialista.

Algunos de los indicios que pueden hacernos sospechar que una niña o un niño sufre un trastorno obsesivo-compulsivo son, según la psicóloga Nieves Álvarez:

  1. Cambios de humor y de comportamiento: los niños se muestran más tristes sin motivo aparente. Están ansiosos, irritables, enfadados y retraídos. Juegan y sonríen menos. Las obsesiones son pensamientos muy repetitivos sobre temas negativos y cuanto más intentan dejar de pensar en ellos, son más recurrentes.
  2. Cambio de rutinas en las que tratan de implicar al resto de la familia: las compulsiones provocan “cierto alivio” en el malestar provocado por las obsesiones. Intentan acomodar sus rutinas y las de la familia a las compulsiones que necesitan hacer para obtener ese “alivio”.
  3. Falta de concentración y de atención: a veces se muestran ausentes. Estar todo el día luchando contra sus obsesiones provoca que no puedan centrarse en otras tareas.
  4. Preocupaciones anormales para su edad: sobre la muerte, el paro, las enfermedades, la suciedad, el sexo, la religión… Los demás niños pueden pensar en ello, pero rápidamente se centran en algo que les interese más. El carácter recurrente y persistente de los pensamientos obsesivos hace que los niños con Toc no puedan olvidarse de estas preocupaciones.
  5. Miedos concretos: miedo a hacer un ejercicio en gimnasia por romperse algo; a montar en monopatín porque se puede caer; a jugar con una pistola de agua cerca de un enchufe, a los productos químicos… Las obsesiones pueden concretarse en formulaciones del tipo: “si juegas con agua cerca de un enchufe puedes electrocutarte”. Por ello tratarán de evitar este tipo de situaciones.
  6. Rigidez mental: se sienten frustrados si los planes cambian o las cosas no salen como esperaban. Presentan poca tolerancia a la frustración ante la que, incluso, pueden mostrarse agresivos. Sienten gran ansiedad durante todo el día y les queda poco margen para enfrentarse a otras situaciones negativas
  7. Buscan seguridad: formulando reiteradamente las mismas preguntas hasta lograr las respuestas que necesitan. El miedo les hace sentirse inseguros y dudar de todo, por ello buscan reafirmación externa.
  8. Pensamiento mágico: ciertas cosas dan buena o mala suerte, “si toco esto tres veces el examen me saldrá bien”. La única manera que encuentran de “controlar” variables que no dependen de ellos es recurriendo a la suerte.
  9. Exceso de responsabilidad y control sobre lo que ocurre alrededor: para tratar de evitar todas las cosas malas que les anticipan sus pensamientos.
  10. Hipersensibles a la crítica: les afecta mucho qué van a pensar o qué van a decir sus profesores y compañeros. Necesitan agradar y hacen lo posible por lograrlo.

La presencia de alguno de estos síntomas puede ser un indicio de que el niño padece un trastorno obsesivo compulsivo, pero el diagnóstico le corresponde a un profesional de la psicología. Será el encargado de determinar si el niño sufre un toc y, en caso positivo, cual es el grado del mismo. A partir de la confirmación, el psicólogo determinará el tratamiento a seguir.

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